El jengibre es una raíz originara del sudoeste asiático conocida por sus propiedades curativas.

Según los chinos ayuda el cuerpo a protegerse del frío y a mejorar la digestión, mientras que los indios le reconocen como un potente analgésico; los árabes lo utilizan por sus cualidades afrodisíacas y la fitoterapia europea lo considera un remedio para las náuseas, el vómito y la impotencia.

¡Gracias a sus preciosas cualidades, introducir el jengibre en nuestra dieta diaria es lo mejor que podemos hacer para nuestro cuerpo, sobre y todo cuando llegue el invierno y sentimos que nuestras defensas necesitan un poco de ayuda! No hay nada mejor que una buena infusión de jengibre, menta, limón y una
poca miel para combatir un resfriado o un dolor de garganta. ¡Con este frío no pasa un día sin que me tome mi vasito de infusión milagrosa!

Sus propiedades anti-inflamatorias, anti-oxidantes y curativas, además, lo convierten en un aliado perfecto para el cuidado de la piel. Descongestiona, calma, aclara manchas y cicatrices. ¡Es el ingrediente ideal para un contorno de ojos, con su fragancia y frescor energizante, abrir los ojos por la mañana nunca ha sido tan fácil! Yo lo sé muy bien 🙂